"La razón por la que escribo es que me da placer, me gusta. Además, es una necesidad que confundo con mi propia vida. No separo: soy lo que escribo y escribo lo que soy." Griselda Gambaro lo dijo en 2005, en una entrevista con La Nación. Hoy, este lunes 15 de septiembre de 2026, esa frase tiene otro peso. La dramaturga, novelista y figura central del teatro argentino del siglo XX murió a los 98 años, dejando una huella que va a durar mucho más que cualquier efeméride.
La noticia conmovió al mundo del teatro y la cultura argentina. Gambaro había nacido el 28 de julio de 1928 en el barrio de La Boca, exactamente en la calle California al 1100, hija de descendientes de inmigrantes. Vivía en Don Bosco, cuidaba su jardín con devoción y seguía escribiendo sus textos a mano hasta hace poco tiempo, para después pasarlos a máquina. No le gustaban las entrevistas ni las fotos. Su sencillez era la de alguien que nunca necesitó el reflector porque ya tenía todo lo que importaba: la escritura.
El sismo de 1965
Hay un antes y un después en la historia del teatro argentino. Y ese antes y después tiene nombre: El desatino, la primera obra de Gambaro, estrenada en 1965 en el Instituto Di Tella bajo la dirección de Jorge Petraglia.
El escándalo fue inmediato. Los críticos del realismo social, la corriente dominante de la época, la atacaron. Otros, los que veían que algo nuevo y necesario estaba pasando, la celebraron. El crítico Ernesto Schoo fue tan lejos que la calificó en el semanario Primera Plana como "la mejor obra en la historia del teatro argentino". La polémica que siguió fue exactamente la que el teatro argentino necesitaba para entrar en la contemporaneidad.
Lo que Gambaro trajo no era solo un lenguaje diferente. Era una forma completamente nueva de ver el escenario: el absurdo, la crueldad, la amenaza, la política inscripta en los cuerpos y en las relaciones sin que nadie la nombrara directamente. "Siento que aparecí en el momento oportuno con la voz oportuna", diría ella años después. Y tenía razón.
La voz que nadie pudo callar
Lo que siguió fue una de las carreras más prolíficas y consecuentes del teatro latinoamericano. Las paredes (1966), Los siameses (1967), El campo (1968), Información para extranjeros (1978), La malasangre (1982), Antígona furiosa, La señora Macbeth, Querido Ibsen, soy Nora y su última obra estrenada en el Teatro Nacional Cervantes, El don. Cada pieza, un territorio nuevo. Cada una, un acto político aunque nunca hablara explícitamente de política.
Durante la última dictadura militar, Gambaro tuvo que exiliarse con su esposo, el artista plástico Juan Carlos Distéfano —fallecido en julio pasado a los 92 años— y sus dos hijos. Se instalaron en Barcelona. Una de sus novelas, Ganarse la muerte (1977), fue prohibida por la junta militar por considerarla contraria a la institución familiar y al orden social. Ese dato dice todo sobre el poder real de sus palabras.
En 1981, cuando la dictadura agonizaba, regresó con Decir sí, una pieza breve que se convirtió en uno de los textos más representados del ciclo Teatro Abierto, el movimiento de resistencia cultural que le devolvió al teatro argentino su lugar en la historia.
La mujer que entró sin pedir permiso
Gambaro fue siempre consciente de lo que significaba ser mujer en el mundo del teatro. Cuando estrenó El desatino, los autores de su generación —todos hombres— la recibieron con hostilidad. "Nunca me quedó muy claro si era porque yo venía con un lenguaje diferente o porque era una mujer en un mundo de hombres", recordó. Y agregó algo que define toda su filosofía: "La mujer tiene que meterse sin pedir permiso. Cuando puede, tiene que hacer lo que quiere. Yo creo que no le pedí permiso a nadie."
En casi todas sus obras le importaba develar las conductas del mundo femenino: la opresión, la resistencia, la identidad, el poder. Lo hizo en el teatro, en la narrativa y en sus reflexiones públicas, siempre con la misma claridad sin estridencia.
Los reconocimientos que llegaron
A lo largo de su carrera recibió el Premio Municipal (1968), Argentores en múltiples ediciones, el Premio Nacional de Teatro (1994), el María Guerrero (1997), el de la Academia Argentina de Letras (1999), el Doctorado Honoris Causa del Instituto Nacional de las Artes, el Premio a la Trayectoria del Instituto Nacional del Teatro (2016) y La Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional (2023), entre muchos otros. En 2005 fue la primera escritora en inaugurar la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En 2010 habló en nombre de los escritores argentinos en la Feria del Libro de Frankfurt.
El crítico Ernesto Schoo escribió en 2011 que Gambaro era "responsable de un vuelco fundamental en la historia del teatro argentino, lo que podríamos considerar su ingreso en la contemporaneidad y también en la universalidad". La directora Laura Yusem, que dirigió aproximadamente doce de sus textos, llegó a compararla con Borges en términos de perfección literaria.
El mar que siempre estuvo
En una de sus últimas entrevistas, cuando le preguntaron por la trascendencia, Gambaro respondió con la imagen que mejor la definía: "Hay una trascendencia, pero que es muy modesta. Eso lo siento en el mar. Cuando estoy frente al mar, pienso si la Tierra no se destruye, el mar va a estar. Cuando yo no esté, el mar va a estar. Esa es la trascendencia. El mar va a estar."
Hoy el mar está. Y ella, también, a su manera.
No te pierdas nada. Seguí toda la actualidad del espectáculo en www.showsargentinos.com.ar y unite a nuestra comunidad en Instagram @showsargentinos.
🏷️ ETIQUETAS: Noticias · Argentina · Teatro · Farándula · #ShowsArgentinos