Teatro Broadway, Buenos Aires — 31 de marzo de 2026
Hay espectáculos que uno va a ver con la memoria puesta en otro lado. Yo llegué al Teatro Broadway con la versión del '82 todavía grabada en algún lugar entre el pecho y el recuerdo: Raúl Lavié como Oliver Warbucks, Noelia Noto como Annie y María Alexandra como Grace Farrell en el Lola Membrives. Lo que no esperaba era reencontrarlos en sala, en la función de prensa de esta nueva Annie. Lavié, Noto y Alexandra, cuatro décadas después, sentados entre el público como testigos silenciosos de lo que aquella historia puede seguir generando. Esa vara existe y pesa. Y sin embargo, a los diez minutos de función, algo pasó: el presente ganó. No por nostalgia reemplazada sino porque esta Annie —dirigida por Mariano Demaria con coreografías de Analía González— tiene una energía que se impone sola.
Annie, el clásico de Thomas Meehan, Charles Strouse y Martin Charnin que debutó en Broadway en 1977, sitúa su historia en Nueva York durante los años más duros de la Gran Depresión, allá por 1933. Una niña huérfana, sin familia y sin techo, que aun así se niega a bajar los brazos. El musical original cargaba con una dimensión política que esta versión decidió dejar en un segundo plano, priorizando el vínculo humano entre Annie y los personajes que la rodean por sobre cualquier mensaje de época. Es una elección de producción legítima, y el resultado es un show más íntimo y familiar. "El sol brillará mañana" no necesita contexto político para emocionar. Y en 95 minutos sin intermedio, lo demuestra.
El elenco: cuando la estrella no eclipsa al conjunto
El dato que circuló antes del estreno era Lizy Tagliani como Miss Hannigan, la siniestra directora del orfanato. Lo que nadie anticipaba del todo era que Tagliani iba a hacer algo más difícil que robar escenas: iba a ganarse genuinamente cada una. Su Hannigan no es pantomima ni caricatura. Es una mujer frustrada, ácida, con un timing cómico que arranca carcajadas pero la maldad del personaje nunca se pierde de vista. El público del lunes no se limitó a aplaudir al final de cada cuadro: se levantó de la butaca. Más de una vez. Eso no pasa seguido con una función de entre semana.
Pero el musical se llama Annie, y Emma García Torrecilla lo sabe. Su protagonista tiene algo que no siempre se encuentra en actrices de su edad que enfrentan este rol: presencia sin afectación. No sobreactúa la inocencia ni fuerza la emoción. Cuando canta "Tomorrow" la sala se aquieta de una manera que dice todo. Es una actuación que sostiene el peso del show sin que parezca que está esforzándose.
Miguel Ángel Rodríguez como Oliver Warbucks construye al millonario con matices. No es el hombre frío que se ablanda gradualmente de manera previsible; hay momentos de incomodidad genuina en su relación con Annie que le dan textura al personaje. Julieta Nair Calvo, como Grace Farrell, tiene una elegancia escénica que funciona como contrapeso exacto al caos de Hannigan: cada vez que aparece, ordena la escena sin subirse al centro.
Pero hay un momento que merece párrafo aparte. En la escena en que Annie le pide a Grace que sea su madre, algo en el escenario cambió de temperatura. La intensidad entre García Torrecilla y Nair Calvo fue tan genuina, tan inesperadamente despojada, que a Julieta le costó unos segundos retomar. No fue un error; fue teatro real. El tipo de instante que no se ensaya, que aparece cuando dos actrices se están escuchando de verdad. La sala lo sintió. El aplauso que vino después lo confirmó.
Gustavo Monje e Ivanna Rossi como los cómplices de Hannigan aportan un trabajo coral que merece señalarse aparte: son personajes de apoyo que en manos menos precisas se vuelven relleno, y acá no. Construyen una dupla villana que no tiene nada que envidiarle a Tim Curry y Bernadette Peters en la película de 1982 — mismo vuelo escénico, mismo timing cómico, pero con sello propio. Risas reales, no condescendientes.
Y después está el elenco de nenas —las "estrellas" del programa, son 3 grupos casi treinta— que cantan, bailan y sostienen cuadros enteros con una coordinación que habla muy bien del trabajo de González en coreografía y de Virginia Módica en dirección vocal. En el musical en vivo, el ensemble es lo que distingue una producción seria de una superficial. Acá es serio.
Dirección, coreografía y producción: lo que brilla y lo que invita a soñar más
Demaria dirige con criterio y ritmo. El show no decae. Cada vez que una escena amenaza con perder impulso, aparece un número coral que lo levanta. Eso no es casualidad; es dramaturgia funcional bien ejecutada.
Las coreografías de Analía González son el punto alto de la producción técnica. Dinámicas, precisas, con una energía que contagia sin caer en el exceso acrobático que a veces confunde movimiento con emoción. El diseño de iluminación de Mariano Demaria y Santiago Cámara es otro acierto claro: los efectos, los cortinados de luz, el manejo del escenario en los números nocturnos tienen clase.
El vestuario de Sofía Di Nunzio resuelve con eficiencia el período de los años '30 sin volverse museo: los colores, los cortes, la diferenciación entre el mundo del orfanato y el de la mansión Warbucks funcionan como código visual instantáneo.
En cuanto a la escenografía de Tato Fernández, la producción apuesta por una estética más contenida: la silueta urbana en fondo oscuro y elementos puntuales como la escalera o el árbol navideño priorizan lo sugestivo por sobre lo literal. Es una elección válida, aunque quienes recuerden versiones anteriores con mayor despliegue escénico —como aquella producción del '82 en el Lola Membrives— quizás sientan que el espacio escénico podría haber acompañado con más ambición la energía que el elenco pone arriba del escenario.
Música y sonido
El diseño de sonido de Eugenio Mellano Lanfranco cumple bien. Las voces llegan limpias, la mezcla entre voces en vivo y base musical está bien calibrada, y en un teatro del tamaño del Broadway eso no es un dato menor. No hubo los problemas de feedback ni las distorsiones en los agudos que a veces aparecen en funciones recientes de otros musicales locales.
Las partituras de Strouse son exigentes vocalmente, y el cast las aborda con solvencia. "It's the Hard-Knock Life" tiene la aspereza necesaria. "Easy Street" —quizás el número más difícil de calibrar porque vive en el límite entre lo siniestro y lo absurdo— sale bien parada. Y "Tomorrow" en boca de García Torrecilla es, simplemente, lo que tiene que ser.
Impacto y para quién es
Annie nunca fue un musical para un solo público, y esta versión lo confirma. Los chicos en sala estaban atentos de una manera que no se finge. Los adultos que, como yo, llegaron con versiones anteriores en la cabeza encontraron algo distinto pero no inferior. Y eso, en un revival, es exactamente lo que se busca.
CALIFICACION: IMPERDIBLE ⭐⭐⭐⭐✨ — 4 estrellas y 1/2
Una producción que vale la pena ver. El elenco es su mayor fortaleza, Tagliani y García Torrecilla (que es a quien disfrutamos en la función de prensa pero hay dos niñas mas con quienes se intercalan el rol de Annie) en particular, y las coreografías de González elevan el conjunto a un nivel que no siempre se alcanza en el circuito comercial porteño. Con un poco más de vuelo en lo escénico, estaríamos hablando de una producción sin deudas. Aun así: ir.
"El sol brillará mañana", dice Annie. Esta producción se lo cree de verdad. Y eso se nota.
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