"No le tengo miedo a la muerte. Sé que a todos nos va a tocar, pero admito que irme me daría mucha lástima."
Lo dijo él mismo, con la misma honestidad con la que vivió todo. Este lunes 20 de abril, Luis Brandoni murió a los 86 años en el Sanatorio Güemes de Buenos Aires, donde permanecía internado desde el 11 de abril tras sufrir una caída en su casa que le provocó un hematoma subdural. Lo rodeaban su familia y su pareja Saula Benavente. Se fue en paz.
La confirmación llegó a través de Carlos Rottemberg y del Multiteatro: "Murió Luis Brandoni. Con Beto se va el último primer actor de una generación inolvidable. Impulsor del teatro nacional, hoy es un día muy triste para nuestra cultura."
Argentina perdió hoy a uno de los suyos. De los grandes.
El chico de Dock Sud que soñaba con cantar tangos
Adalberto Luis Brandoni nació el 18 de abril de 1940 en Dock Sud, Buenos Aires, en el seno de una familia trabajadora. Su padre José Domingo era empleado bancario y presidente del Club Sportivo Dock Sud. Su madre, Luisa Valentina Emiliani, era ama de casa.
De chico soñó con ser cantor de tangos o futbolista. A los trece años se mudó con su familia cerca del estadio Monumental y se convirtió en hincha de River Plate, pasión que evocó como una de las razones para regresar del exilio.
A los ocho años ya organizaba obras de títeres en casa y debutó en la radio en un ciclo de teatro infantil. Tras terminar la secundaria eligió el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico, donde fue alumno de Cunil Cabanellas, Osvaldo Bonet y Camilo Da Passano. Siempre los recordó con gratitud: eran los que le habían enseñado la ética de este oficio.
Su debut profesional fue el 2 de mayo de 1962, con la comedia musical Novio en el Teatro Coliseo. (Paparazzi) Tenía 21 años. Le faltaban más de seis décadas de carrera.
El cine que lo hizo inmortal
Sesenta películas. Eso dejó Brandoni en el cine argentino. Entre sus títulos más emblemáticos están La Patagonia rebelde, La tregua —candidata al Oscar en 1974—, Gente en Buenos Aires, Juan que reía, La odisea de los giles y El cuento de la comadreja.
Pero hay una sola frase que lo acompañará para siempre en el imaginario colectivo: la de las tres empanadas en Esperando la carroza. Él siempre la consideró como una escena más triste que graciosa. El público nunca lo dejó olvidarla.
En sus últimos años encontró una nueva vida en el streaming. Actuó en El cuento de las comadrejas, Mi obra maestra, 4x4 y La odisea de los giles, y protagonizó Nada en 2023 junto a Robert De Niro, con quien lo unía una amistad que venía desde los años 80.
El hombre que no se dobló
Brandoni fue mucho más que un actor. Fue dirigente sindical, militante político y una voz que nunca bajó el volumen cuando había que alzarla. En los años 70, en plena dictadura, fue perseguido y amenazado de muerte. Las presiones políticas lo llevaron al exilio en México, interrumpiendo una carrera que ya era brillante.
Cuando volvió, volvió con todo.
El teatro: su casa verdadera
"Es que si no hago teatro me muero", le había confesado a Rottemberg en uno de los momentos más difíciles de los últimos meses. No era una frase. Era una declaración de vida.
Su último trabajo en las tablas fue ¿Quién es quién? junto a Soledad Silveyra, con funciones a sala llena y ovaciones de pie en el Multitabarís. La obra tuvo que suspenderse cuando su salud empezó a deteriorarse, pero él ya había dado todo lo que tenía encima del escenario.
Silveyra lo había dicho apenas días antes: "Lo veía muy mal. Yo sabía que esto iba a pasar." Y el mensaje que le dedicó por su cumpleaños el 18 de abril, dos días antes de su muerte, quedará como uno de los homenajes más hermosos del mundo del espectáculo argentino: "Maestro, sos el mejor compañero que tuve. Gracias por cuidarme, enseñarme y por ser como sos."
Lo que deja
Lo sobreviven sus dos hijas Micaela y Florencia, fruto de su relación con la actriz Marta Bianchi, su pareja Saula Benavente y una carrera que no tiene parangón en la historia del espectáculo argentino.
Cuando su padre murió en 1985, Brandoni y su hermano Gerardo donaron parte de las tierras familiares en San Rafael, Mendoza, para que se construyera una escuela. Hoy existe un centro educativo que lleva el nombre de José Domingo. Así era Beto. Generoso hasta en lo que no se ve.
El teatro argentino apagó hoy sus luces. Y las va a volver a encender mañana, porque así lo hubiera querido él.
Fuentes: Infobae/Teleshow, La Nación, Clarín, comunicado oficial de la familia
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